2. EL VALOR DE USO CULTURAL Y LA CULTURILLA COMO VALOR DE CAMBIO. DISTINCIÓN TEÓRICA DECISIVA PARA COMPRENDER EL SECRETO MATERIAL.
Las reflexiones anteriores eran necesarias para poder avanzar un poco en la contradictoria problemática de lo cultural en el proceso de la UE. Por un lado, el capitalismo siempre, desde su origen, ha acelerado la integración de la cultura alienada en el capital constante y fijo, como elemento básico para aumentar la productividad del trabajo mediante la transformación del trabajo simple en trabajo complejo. Por otro lado, como veremos, la cultura en cuanto producción y administración colectiva de valores de uso, se resiste a la alienación mercantilizadora del capitalismo. Esta contradicción se está agudizando tanto por la marcha endógena, interna y ciega de las necesidades de la acumulación de capital, como por las contradicciones múltiples que surgen en Europa durante el proceso de unificación burguesa, según hemos intentado explicar.
2.1. SOBRE LA CULTURA COMO VALOR DE USO EN PRACTICA COLECTIVA DE LA SEXUALIDAD, EL TRABAJO Y LA OBTENCIÓN DE LA EXOENERGÍA, Y SOBRE LA PERVIVENCIA Y LUCHA DE (RE)-RECREACIÓN DE LA CULTURA POPULAR
Hay que empezar considerando que el "tiempo cultural" es más lento en velocidad de cambio que el tiempo político y el tiempo económico; que lo cultural es un universo simbólico y material que hunde sus raíces en profundas fuerzas subjetivas e inconscientes en su inmensa mayoría pero no por ello carentes de relevancia material, económica y política a pesar de su inconsciencia. Pero también, por su complejidad multifacética, tienen factores conscientes, fuerzas capaces de, en conjunción con las inconscientes, movilizar amplios movimientos populares reaccionarios, conservadores, progresistas y/o revolucionarios:
1ª) Desde la perspectiva teórica aquí defendida, por cultura hay que entender, en un primer momento, la interrelación dialéctica entre tres fuerzas decisivas como son el sexo, el trabajo y el fuego. Dentro de esta sistematicidad abierta siempre a la innovación actúa la producción y administración de valores de uso. Naturalmente, el lenguaje corporal y oral es un componente genético-estructural de esa totalidad sistémica y de cada uno de sus componentes. Después, el desenvolvimiento histórico del primero nivel se realiza sobre un segundo momento, el formado por la producción humana de espacio socializado, el tránsito del lenguaje oral al escrito y la aparición del poder cultural monopolizado por el género masculino y, luego, por una casta burocrática especializada. Por último, en un tercer momento, la creciente devaluación de este proceso con la aparición del valor de cambio y por último, su definitiva alienación con el triunfo de la mercancía y del dinero sobre el valor de uso. A lo largo de centenares de miles de años, de millones incluso si aceptamos la materialidad del sexo y del trabajo --por tanto del lenguaje básico-- para obtener exoenergías antes del control del fuego, la cultura ha ido creando contenidos de valor simbólico y material, de modo que al desarrollarse las opresiones de género, de nación y de clase, surge un complejo explosivo cargado de contradicciones, de fuerzas expansivas pero también reaccionarias. No debe sorprender, por tanto, que cuando ese complejo entra en efervescencia mayor de lo normal, se desparramen con más o menos virulencia todas sus contradicciones.
2ª) En contra de lo que se cree desde una interpretación idealista y economicista de la cultura, sólo muy recientemente se ha producido en algunas zonas muy precisas de Europa la superación definitiva del componente campesino de la cultura popular para imponerse el industrial. Semejante resistencia no ha sido debida sólo a la continuidad de las relaciones familiares directas con entornos campesinos, aunque fueran ya capitalistas, sino también al mantenimiento de muchos referentes típicos de la concepción pre-industrial. Y aún existen amplias zonas en las que coexisten ambos componentes y concepciones. Junto a este trasfondo también subsisten, además de recuerdos múltiples, formas y redes sociales de organización cotidiana no totalmente subsumidas en la lógica burguesa. Más aún, en la medida en que esas redes sociales pertenecen a pueblos con relativa autoconciencia de su capacidad de autoadministración de su cultura entendida como valor de uso propio, en esa medida pueden llegar a ser focos de resistencia progresista al avasallamiento aculturizador inherente a la victoria del valor de cambio y a la definitiva mercantilización propia de la unificación capitalista europea.
3ª) Pero para que esta posibilidad se materialice hace falta que ese colectivo esté en un proceso permanente de (re)-construcción y autoadministración de los valores de uso que ha producido en su pasado y produce en su presente. Si esta dinámica es débil, puede ser rota, destrozada por el poder de su burguesía que logra introducir grandes componentes de la cultura de su pueblo en el proceso de producción capitalista vía alienación generalizada, expropiación del saber obrero y mercantilizando a tope muchos --nunca todos-- componentes de esa cultura. No podemos analizar aquí el proceso permamente de (re)-construcción y autoadministración de la cultura como valor de uso, aunque sí hay que decir que ese proceso es resultado en la lucha entre las fuerzas progresistas y las fuerzas conservadoras que existen en toda cultura. A su vez, esa lucha también determina su desarrollo posterior, y a través de esa influencia práctica incide también en la marcha social general. Por esto, en suma y sin mayores precisiones, la cultura es siempre una fuerza material objetiva, al margen de su poder efectivo más o menos desarrollado.
2.2. SOBRE LA CAPACIDAD DE INFLUENCIA DE LA PEQUEÑA Y MEDIANA BURGUESÍA EN LA CULTURA Y SOBRE SUS EFECTOS EN LA MANIPULACIÓN DE LOS COMPONENTES REACCIONARIOS DE LA CULTURA POPULAR
Más en concreto, aparte del poder de influencia de la gran burguesía, también la mediana y la pequeña burguesía tienen considerables instrumentos de manipulación. Aunque menores que los de la gran burguesía, su fuerza radica en determinadas capacidades de tocar la fibra sensible más populista de amplios sectores de las masas. Hay que tener en cuenta que el capitalismo reproduce siempre, aunque con diferencias de ritmo e intensidad, las condiciones de existencia de la nueva pequeña burguesía y sobre todo de los llamados autoexplotados, de los llamados "trabajadores autónomos", "nuevos empresarios", "profesiones liberales", "nuevas clases medias", etc. Y simultáneamente destruye sin piedad a la vieja y agotada pequeña burguesía, mientras presiona a la mediana burguesía. Estos vaivenes tienden a ocultar la tendencia al aumento cuantitativo de los asalariados en la totalidad de la población, y también, en determinados períodos, a contener ese ascenso tendencial y hasta revertirlo durante un lapsus de tiempo, dando la sensación falsa y engañosa del "adiós al proletariado. Los efectos de esta dinámica sobre la manipulación de la cultura pueden ser y son de hecho, apreciables:
1ª) Se rompe la conexión material objetiva entre la cultura existente y la estructura productiva explotadora, de modo que, en apariencia, las "nuevas clases medias" se creen la reaccionaria utopía de su integración en el mítico conglomerado de la "sociedad abierta", de la "democracia tolerante", del "fin de la lucha de clases", etc. Una vez aquí, cuando la crisis renacida vuelve a imponer el principio de realidad, muchos de estos sectores se niegan a aceptarlo, se resisten como sea y bastantes de ellos pueden optar por opciones autoritarias. No les resulta difícil buscar y escoger en los componentes conservadores de su cultura, en su machismo y misoginia, en su occidentalismo y xenofobia, en su nacionalismo opresor, en su miedo a la libertad, en su irracionalismo sado-masoquista, etc., aquellos o todos que sirven para, aunque sea idealmente, seguir manteniendo la ficción del orden anterior.
2ª) Cuando además de esas situaciones periódicamente tan frecuentes en el capitalismo, también ocurre que la evolución económica y política general reavivan recuerdos de injusticias y agravios nacionales, e incluso de opresiones brutales, en estos casos se refuerza la capacidad de la mediana burguesía para manipular los contradictorios sentimientos nacionales. La actual reordenación europea propicia la aparición de situaciones así por diversos motivos entre los que destacan los debilitamientos estatales, como hemos visto, y con ellos de buena parte de los referentes nacionales unidos al nacionalismo burgués de un Estado fuerte, prestigioso e influyente. No hay duda de que la peligrosa mezcla de populismo, conservadurismo, racismo, autoritarismo, machismo y hasta fascismo, que se extiende en la actualidad en la UE tiene más fuerza allí en donde esos sentimientos nacionalistas burgueses son azuzados por fuerza políticas directa y/o indirectamente asentadas en el Estado de turno.
3ª) En estos y otros casos, la efectividad de la manipulación reaccionaria de los componentes conservadores de la cultura radica además de en otros factores, también en la propagación interesada de miedos sexuales, de un machismo misógino violento y salvaje; en miedos a perder el puesto de trabajo con la excusa de que las decisiones vienen impuestas por "enemigos exteriores", incontrolables ya porque se ha "debilitado a la nación sagrada", y también en miedos a perder el nivel de consumismo alcanzado --lo referente a la pérdida de exoenergías-- por el similar debilitamiento de la "fuerza nacional" del Estado propio que antes garantizaba dicho consumismo. Estas manipulaciones tan básicas se caracterizan por su fortísima excitación de fuerzas irracionales e incontrolables.
4ª) Según los casos, es la gran burguesía la que azuza estos miedos pero con otros argumentos, como es la propaganda de la democracia cristiana alemana, que no hace más que insistir en que ya está bien que sea Alemania la que corra con el grueso de los gastos en ayuda a regiones pobres de la UE. Se trata de una presión que afecta directamente al bolsillo del contribuyente alemán, pero también a su resentimiento de pueblo vencido y derrotado, que ha intentando obtener "perdón" mediante un desembolso masivo y que ya debe empezar a pensar en sí mismo. Las excusas del conservadurismo británico manipulan la sensación del "león británico herido" pero también "traicionado" por los laboristas al imponerse las órdenes de los atrasados continentales. En el caso británico no es la gran burguesía en masa la que presiona en esta negativa, sino fracciones de la mediana y pequeña burguesía que se sabe económicamente débil para competir en la UE sin las especiales ayudas de su gobierno británico.
2.3. SOBRE LA INFLUENCIA DEL REFORMISMO EN LAS LUCHAS DNETRO DE LA CULTURA POPULAR Y SU POTENCIACIÓN DE LA CULTURILLA MERCANTILIZADA
Por su parte y de manera general, las fuerzas reformistas sólo pueden oponer a estas presiones en contra una fraseología demagógica sobre la "ciudadanía europea", portadora de supuestos derechos superiores y mejores a los que actualmente "disfrutan" las masas oprimidas en sus Estados, derechos que quedarán recogidos y reflejados, también sancionados y protegidos, por y en la futura Constitución Europa. En el plano cultural, se afirma que ese "ciudadano" disfrutará de un cosmopolitismo más amplio, de unos principios y valores más humanos y abarcadores al haberse superado la estrechez de miras típica del Estado aislado anterior a la Unión Europea. Sin embargo, este planteamiento tiene muy serias dificultades por la misma incapacidad del reformismo para desarrollar la cultura como administración popular de los valores de uso como para luchar contra la mercantilización y el valor de cambio:
1ª) El reformismo, sea socialdemócrata o "comunista", nunca va a poder luchar para potenciar los componentes progresistas de la cultura ya que él mismo depende de la rentabilidad político-electoral del conformismo pasivo de su electorado, y ello le obliga a ocultar las profundas contradicciones materiales dentro de la cultura práctica porque divulgarlas exige denunciar prácticamente la alienación mercantil, el poder capitalismo, el poder de la industria político-mediática, etc. El reformismo, el que fuera, ni puede no quiere sacar a la luz la realidad de lucha de contrarios dentro de toda cultura porque ello le obligaría a posicionarse directamente contra el sistema patriarco-burgués, contra la opresión nacional dentro mismo de Europa y contra la explotación burguesa de las masas trabajadoras. ¿Alguien puede imaginarse al PSOE y al PCE-IU dando ese paso en el Estado español, y a UGT y CCOO también?
2ª) Al contrario, el reformismo está vitalmente interesado en potenciar una culturilla abstracta, hueca y carente de cualquier contenido creativo porque todo lo creativo es por ello mismo crítico, y todo lo crítico, aunque pequeño y embrionario, puede crecer y multiplicarse. Pero el reformismo necesita potenciar una culturilla que por vacía de contenido pueda ser fácilmente rellenada por las promesas electorales y por la bazofia intelectualista de burocracia. Peor aún, dado el peso de la intelectualidad funcional-universitaria en el reformismo, disminuye aún más la posibilidad de una crítica radical e independiente a los componentes burgueses de la cultura y a la ideología propia de esta clase. Esta culturilla superficial y volátil, de ojear y tira, que en absoluto de usar creativamente, es una de las causas del parón político-electoral del reformismo, siendo otras su carencia de contestación práctica al poder. Es así como se comprende que, de un lado, no exista un movimiento cultural e intelectual potente; de otro lado, se ahonde el analfabetismo funcional de las masas trabajadoras y, por último, no se consiga amparar a las luchas obreras y populares con una atmósfera cultural legitimadora e impulsora de otro modelo antagónico de UE.
2.4. SOBRE LAS TENDENCIAS A LA RECUPERACIÓN POPULAR DE LOS COMPIONENTES PROGRESISTAS DE SU CULTURA COMO VALOR DE USO Y SOBRE LOS ATAQUES DEL PODER PARA IMPONER LA CULTURILLA ALIENANTE
Pese a todas estas carencias y condiciones adversas, se constata un endurecimiento de muchas luchas reivindicativas de todo tipo de grupos y fracciones de las masas trabajadoras. Aunque suene a viejas consignas, se puede hablar que estamos asistiendo a la llegada de otra oleada o fase de lucha de clases, oleada ya perceptible desde la segunda mitad de la década de 1991, pero que cada vez se eleva más. No es este sitio para analizar ese tema, ya que aquí solamente nos preocupa la lucha cultural desde y para las masas trabajadoras. En este sentido hay que decir que, desde la perspectiva teórica de este texto, no es contradictorio el que en una sociedad se produzca simultáneamente una polarización conservadora en lo político-electoral y parcialmente en actos racistas y reaccionarios, y una polarización práctica de muchos colectivos progresistas, especialmente sindicatos obreros, y parcialmente en lo electoral. En lo que a lo cultural se refiere, esta contradicción es perfectamente comprensible porque se explica desde las previas contradicciones internas ya existentes en el complejo cultural. Pero en el ámbito específico de las clases trabajadoras y de sus problemas culturales hay que tener en cuenta que:
1ª) Las clases trabajadoras deben limitarse a consumir la culturilla dominante a no ser que hayan logrado crear colectivos de desarrollo de los componentes progresistas de la cultura, y de producción de otros nuevos, liberadores y revolucionarios. Para lograrlo, sin embargo, son necesarios colectivos más conscientes y perseverantes, generalmente militantes de izquierda que se relacionan con las múltiples formas que adquiere en la práctica la clase trabajadora en su conjunto, desde los grupos juveniles, asociaciones vecinales, sindicales, cooperación alternativa, etc. En una perspectiva más general, esta producción de cultura tiende a relacionarse a la fuerza con otros grupos sociales explotados como, en especial, las mujeres que, objetivamente, son la pieza clave en la reproducción de la fuerza de trabajo social. Decimos que tiende porque una de las dificultades más graves que debe superar este amplio bloque social es la superación de las artificiales barreras impuestas por el poder para no sólo mantenerlas divididas sino para enfrentarlas y oponerlas.
2ª) Esto no lleva a la responsabilidad de los colectivos revolucionarios dentro de las clases trabajadoras porque excepto en coyunturas críticas puntuales o en contextos prolongados de áspera lucha global de clases, en los tiempos de "normalidad" las clases trabajadoras tienen muchas dificultades para sostener una autoorganización cultural propia capaz de (re)-crear y ampliar la producción de cultura progresista. Como veremos en el capítulo siguiente, cuando analicemos los problemas de las identidades, la existencia de una identidad nacional liderada por fuerzas progresistas facilita enormemente la producción de cultura liberadora. Pero, en ausencia de este contenido estructural y estructurante, las masas trabajadoras tienen extremadas dificultades para emanciparse culturalmente si no existen en su interior colectivos generalmente militantes que asumen esa tarea.
3ª) Una de las obsesiones actuales del conjunto de la burguesía europea es la de desactivar y romper la tendencia creciente a la interconexión de los grupos que, con todas sus diferencias mutuas, militan en la creación cultural alternativa y crítica. La socialdemocracia tiene similar obsesión aunque, más astuta, también intenta cabalgar el tigre pudriendo desde dentro el movimiento antiglobalización, al igual que corrompió el sindicalismo y otras formas de expresión de las contradicciones sociales. Ambos, la burguesía y el reformismo, tienen objetivos básicos en esta cuestión aunque sus discrepancias sean importantes en otros temas, porque son conscientes de que la cultura es de suyo capaz de impulsar enormes fuerzas emancipadoras en determinadas condiciones y, a la inversa, en otras, puede imponer una docilidad pasiva y claudicante o también una irracional reacción autoritaria. Ambos, reformismo y burguesía, no pueden permitir que las clases trabajadoras ganen la batalla de la cultura.
4ª) Las razones para esa negativa no son solamente de índole política, que también, sino además económica. Hay que empezar diciendo que, en todo lo cultural, es imposible establecer una tajante separación economicista entre política y beneficio económico. Dicho esto, además hay que insistir en que la evolución del capitalismo actual está estrechando esa dialéctica entre lo económico y lo político en lo cultural mediante la mercantilización de la cultura en valor de cambio y mediante la desvirtuación de la política en vulgar espectáculo sujeto ya a la decisiva industria del ocio capitalista. Culturilla y politiquería se han convertido en un negocio muy importante para contener parcialmente la caída tendencial de la tasa de beneficio. Por eso, desarrollar una cultura no mercantilizada y una política revolucionaria se convierte además de un peligro para el capitalismo también en un ataque directo a su esencia genética, la acumulación ampliada de capital.
2.5. SOBRE LAS PRESIONES DE LA INDUSTRIA POLÍTICO-MEDIATICA ESTADOUNIDENSE Y LAS CONTRADICCIONES Y TENSIONES QUE ELLO GENERA EN LA UE
Pero una apreciación mínimamente seria de este problema exige considerar el poder de la industria político-mediática norteamericana en el mercado mundial, su incidencia en Europa y las respuestas que hacen las burguesías estatales por tres razones de peso, una, porque la burguesía europea no puede permitir que "su" mercado propio sea totalmente engullido por el imperialismo yanki; dos, porque tampoco puede permitir que esa invasión político-mediática yanki vaya licuando la identidad burguesa europea del mercado que controla y del que quiere aumentar con la extensión al Este y, tres, porque tampoco puede permitir que el mercado mundial sea total e irremisiblemente engullido por los EEUU. Por si fuera poco, la burguesía europea tiene el enemigo dentro de casa, en su propia familia, y se trata de la burguesía británica que por obvias razones históricas y presentes tiene muy estrechos intereses con la industria político-mediática yanki.
1ª) En su conjunto, la burguesía europea poseedora de buena parte de la industria político-mediática debe cuidar en lo posible que el poder de penetración de la industria yanki no destroce "su" mercado. Bien es cierto que la centralización y concentración de capitales en esa industria presiona en contra incluso de las grandes industrias que no tiene las defensas suficientes ante la competencia yanki, capaz de lanzar al mercado una inmensa masa de mercancías a precios baratos. Pero aunque la burguesía europea poseedora de esas industrias advierte de los riesgos de la penetración yanki, todavía encuentra poca comprensión en sus hermanas, en los Estados concretos y en la UE. No existe en la UE, por ahora, una unidad de criterio al respecto, lo que facilita la supremacía norteamericana en muchas áreas de la industria político-mediática.
2ª) Sí existe una resistencia de los Estados con especiales intereses internos y externos, y que son a la vez los más afectados a la larga. Las burguesías de estos Estados sí deben vigilar que la industria yanki del espectáculo y de la culturilla no debilite su cultura e identidad nacional burguesa por dos razones. Una, porque debe cuidar su poder nacionalista en el interior estatal, sobre todo cuando oprime a otras naciones y/o cuando su identidad nacional burguesa está debilitada por diversos motivos y, otra, porque en el proceso lento de la UE es importante mantener una fuerte capacidad de presión político-mediática que sirva para apoyar los intereses estatales cuando sea necesario. Si la burguesía de un Estado concreto carece de la suficiente autonomía de presión mediática y de elaboración de sus propias versiones de los hechos, o sea, capacidad de crear su "información veraz" para manipulación interna y presión externa en problemas importantes, entonces está indefensa. Recordemos, sin extendernos, el problema de las vacas locas que motivo una movilización general de todas las industrias político-mediáticas cada cual en defensa de sus propias burguesías estatales, y los ejemplos irán aumentando.
3ª) Además de esto, las principales burguesías europeas sí tienen una muy especial preocupación por mantener y hasta recuperar la competitividad de sus industrias político-mediáticas en el duro mercado mundial porque, por un lado, necesitan mantener y/o aumentar el conocimiento y uso de sus lenguas propias, especialmente en sus antiguos imperios, para volver a recuperar las influencias perdidas y restablecer su presencia económica y política; y porque por otro lado, a la vez, los Estados imperialistas están buscando ansiosamente trabajadores cualificados, o "fuerza de trabajo compleja" como correctamente la definió Marx, y para ello es muy importante que ya los estudiantes autóctonos empiecen a dominar las lenguas imperialistas lo antes posible. Así se explica que muchos Estados europeos dediquen cada vez mas dinero a la divulgación de sus culturas nacionales burguesas en el extranjero, y no lo hacen por turismo.
4ª) Sin embargo, aunque el poder de la industria cultural capitalista, desde las grandes empresas yankis hasta las pequeñas europeas que sobreviven gracias a deudas e hipotecas, es enorme e impresionante, pese a ello no es todopoderoso. El capitalismo choca con un enemigo formidable cual es la especie humana que, a lo largo de su autogénesis ha desarrollado una esencial cualidad colectiva y grupal asentada en unas profundas relaciones psicológicas, emocionales, afectivas y de apoyo mutuo, sin las cuales no hubiera sobrevivido ni evolucionado como especie. Esta sociabilidad es inseparable de la praxis colectiva e individual, del hacer y del pensar, del aprender y de impulsar la tendencia a la disminución del esfuerzo y del cansancio, del tiempo alienado, y a la progresiva producción de placer y tiempo libre. El mismo complejo lingüístico-cultural depende de la sociabilidad esencial de la especie, la refuerza y la exige. Y ese complejo lingüístico-cultural, arriba sintetizado al extremo en la base de la sexualidad, el trabajo y la obtención de exoenergías, es a su vez el núcleo de la identidad colectiva. Para aumentar su beneficio el capitalismo necesita inevitablemente alienar al ser humano no sólo como ser individual sino como ser colectivo, como especie, porque ella es el autovalor de uso primordial. En última instancia, aquí radica la causa del fracaso del poder manipulador de la industria político-mediática capitalista, y más concretamente, aquí radica la base esencial del choque entre los Estados capitalistas y las naciones oprimidas. Intentaremos analizar esta cuestión en el siguiente capítulo.